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Claves para sobrevivir en un mundo acelerado

Por: Helen Bohórquez

La era de la información y la conectividad ha magnificado una idea compartida por muchas personas: de que vivimos en un mundo acelerado

Algunos han sabido aprovechar esta velocidad para impulsar revoluciones tecnológicas, empoderar su economía, y desarrollar sociedades competitivas. Pero en realidad, la mayoría de la humanidad no ha podido montarse a ese bus (o solo tiene un pie dentro de el), y las barreras de acceso no solo son económicas, pero tienen mucho que ver con las instituciones, filosofías, creencias, comportamientos y valores que hemos creado y adoptado a través de nuestra historia.

En su libro “Gracias por llegar tarde“, el periodista y columnista Thomas L. Friedman explica y analiza las fuerzas que están causando esta aceleración (la tecnología, el mercado, y el cambio climático, lo que él llama: «la supernova»); los movimientos que quieren ponerle freno (Brexit, Trump, el nuevo nacionalismo); y los pasos que podemos tomar a nivel personal y global para que nosotros y nuestras comunidades no nos quedemos atrás.

Libro recomendado para aquellos interesados en ideas sobre el futuro del trabajo, emprendimiento, educación, filosofía, y empoderamiento social y político moderno.

Todo va rápido, y seguirá rápido.

Para entender el motor detrás esta aceleración tecnológica y de mercado hay que conocer sobre la Ley de Moore. Este concepto de la informática indica que «el poder de los microchips se duplicará cada dos años por los próximos 50 años». En términos más humanos: la tecnología que nos permite capturar, distribuir y analizar datos será más rápida, pequeña y accesible.

No hay que ser ingenieros para notar que esta ley se ha venido cumpliendo, convirtiéndose casi en una realidad universal, aceptada por todos. Mejores modelos de los productos que usamos salen al mercado; las máquinas continúan automatizando tareas que pensábamos eran solo para humanos; y mecanismos inteligentes y sensoriales están creando un nivel de predicción y prescripción jamás antes visto.

Para Friedman, tener siempre presente esta realidad tecnológica es un paso primordial para entender y adaptarse al mundo moderno.

Es aceptar la idea de que el progreso no se frena, y que para no quedarse atrás, comunidades e individuos deben aprovechar las corrientes de conectividad; evitar o prepararse ante el sobrepaso de los límites planetarios y su consecuente impacto social y económico; abrazar el aprendizaje continuo; y adaptar las instituciones políticas y privadas, revalidando sus contratos sociales con sus ciudadanos.

A mi percepción, estos dos últimos temas son las raíces primordiales del libro.

La única forma de mantener capacidad laboral de por vida, es dedicarse al aprendizaje de por vida. Thomas L. Friedman

El primer impacto

La fuerza laboral es la primera en sentir el impacto de este mundo acelerado. Muchos de los trabajos actuales ya están desapareciendo, y el concepto de lo que significa trabajar será definido por resultados mucho más mensurables.

En Estados Unidos, los trabajos que solían ser de clase media hace 50 años han pasado a no serlo, o han empezado a desaparecer. Choferes, granjeros y cajeros ya están siendo reemplazados por vehículos autónomos, sistemas automatizados de producción agrícola, y sistemas de auto-pago. Y muchos trabajos de oficina, desde la contaduría hasta la asistencia legal van por la misma ruta.

Friedman también predice un futuro en el que trabajar a «lo promedio» o «lo básico» (como no faltar al trabajo y laborar por ocho horas diarias) no será suficiente para garantizar remuneración y beneficios justos. Puede que «vivamos en un mundo de contribuciones definidas» donde el big data recolectado por tu empleador sea «capaz de medir tu contribución laboral de manera exacta». Creo que desde el modo de ver capitalista, esto se limita a una pregunta: ¿cuánto dinero le hiciste ganar o ahorrar a tu empresa?

Esta es la razón por la cual trabajadores autónomos y privados de todas las industrias deberán adoptar el aprendizaje continuo, y convertirlo en una parte indispensable de su conjunto de habilidades. 

La fábrica del futuro tendrá solo dos empleados, un hombre y un perro. El hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro estará ahí para evitar que el hombre toque el equipo.Warren Bennis, Erudito Estadounidense

¿Aprender qué?

Los resultados de un test de personalidad que tuve que completar mientras aplicaba a un trabajo. Más y más empleadores utilizarán todo tipo de información para encontrar el candidato más apto – con una preferencia por aquellos que demuestren multiples cualidades y habilidades.

Para no quedarte de manera laboral en este mundo acelerado, Friedman dice que no solo tendrás que continuar desarrollando habilidades básicas como la lectura, la escritura y la aritmética, sino que «necesitarás más de las 4 C’s: creatividad, colaboración, comunicación y coding» o programación. Pero esto no significa que solo tienes que enfocarte en una cosa. Ser versátil y refrescar nuestros conocimientos y habilidades con continuidad será importante para no quedarnos atrás.

Esta idea también es válida a la hora de emprender. Los negocios grandes y pequeños continuarán siendo moldeados por «la supernova», y todos, desde los micro-empresarios hasta los tecnólogos, deberán expandir sus 4 C’s si quieren sobrevivir.

Adaptar las instituciones

A nivel individual, la idea de abrazar el aprendizaje continuo resuena. Pero en el contexto global, algo más fuerte debe hacerse para que las sociedades actuales no queden rezagadas. Adaptarnos es la única opción:

 Las sociedades deben reimaginar y rediseñar su lugares de trabajo, su política, geopolítica, ética y comunidades–de manera en que habiliten de muchas más formas a sus ciudadanos, para que estos puedan mantener el ritmo de estas aceleraciones que están moldeando sus vidas, y generar una mayor estabilidad mientras nos movemos por estas rápidas aguas.Thomas L. Friedman

Para hacer todo esto, el autor invita a invertir en el capital humano; asegurándonos que los contratos sociales entre trabajadores y empleadores, estudiantes e instituciones educativas; y ciudadanos y gobiernos, den las herramientas suficientes para que las personas puedan darse cuenta de su potencial.

Desde el punto de vista laboral, empleadores pueden hacer su parte invirtiendo en entrenamiento especializado y movilidad interna. Como empleado, es sacar provecho de esto. Es crecer de manera profesional si se abraza la idea del aprendizaje continuo.

En cuestión educativa, las instituciones deben reforzar la educación teórica y validar mucho más la práctica, creando asociaciones inteligentes con empresas que necesiten empleados, y fomentando ideas de independencia financiera a todos sus estudiantes, sin importar de donde vengan.

De manera política, es gobernar con adaptación y aceptación. Es abrazar una sociedad diversa, y abordar la política con una mentalidad enfocada en la resolución de problemas, en el emprendimiento, y alejada del dogmatismo. Es crear herramientas y no muros, es enfocarse en los trabajadores y no en los trabajos, es hacer de los ciudadanos, vecinos.

La clave final para sobrevivir en el mundo acelerado

Todas estas ideas suenan bien, y de alguna manera, el argumento de Friedman puede que se sienta obvio. Pero en medio del mareo de la modernidad, su optimismo es reconfortante. Los actos individuales y colectivos que tomemos guiados por estos principios pueden llegar a tener un impacto inmenso en nuestra vida personal y profesional.

Es importante que nos subamos a la ola, y que no tratemos de frenarla. Es poner de nuestra parte y entender que muchas de las ideas adquiridas a través de nuestras instituciones y filosofías no son estáticas y permanentes, y que aquellas personas motivadas a adaptarse a los cambios traídos por las nuevas tecnologías, la globalización y el cambio climático, tendrán la ventaja sobre los que no; esa es la clave para sobrevivir en un mundo acelerado.