¿Porqué las mujeres evitamos ser líderes?

[Aunque el tono de este artículo va dirigido hacia mujeres, aquí puedes leer como ayudar a fomentar el liderazgo femenino].

Por: Helen Bohórquez

Están los que hacen las reglas y los que las siguen. Y por milenios, las mujeres hemos seguido las reglas de los hombres.

Esto ha causado uno de los problemas que más impacta nuestro progreso en el mundo: que aunque sabemos que estamos en desventaja, muchas mujeres evitamos ser líderes.

Y aunque las estadísticas indican que en América Latina el número de mujeres en posiciones de liderazgo en el ámbito público ha aumentado en los últimos 20 años, el liderazgo femenino en el sector privado sigue estancado.

Entonces, ¿cómo crear una sociedad inclusiva cuando no podemos controlar las reglas que afectan nuestras vidas a diario?

Este es el argumento principal del libro Vayamos Adelante o Lean In, de Sheryl Sandberg; conocida por ser la actual directora operativa de Facebook, y por mantener posiciones de liderazgo en Google, y el gobierno de Estados Unidos.

Aunque a veces el libro se siente aislado en el ambiente de los negocios y startups de tecnología estadounidenses; pienso que sirve como un buen sistema de introspección sobre nuestra vida en general, aplicando a mujeres y hombres por igual.

Maneras en las que las mujeres evitamos ser líderes

Si pensaste «yo quiero ser líder, es que el mundo no me deja», tienes razón.

Existe la infame analogía del techo de cristal; donde la mujer ve las posibilidades de un ascenso laboral, pero este nunca se concreta porque hay un techo invisible que no le permite llegar allí. Aunque esta barrera ha sido construida a base de ideas fomentadas por un sexismo sutil, la realidad es que las mujeres también han ayudado a permetuarla.

Diferencias en contratación entre hombres y mujeres con la misma hoja de vida
En el 2012, se les pidió a 100 miembros de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Yale que evaluaran dos hojas de vida de dos estudiantes. Las hojas de vida eran identicas, excepto que el nombre fue cambiado por uno de hombre y el otro de mujer. A pesar de esta única diferencia, los profesores concluyeron que el hombre era mucho más competente, tenía mayor potencial de mentoría, y era el mejor prospecto para obtener un trabajo como gerente de laboratorio.

Sandberg argumenta que muchas mujeres exhibimos en algún punto de nuestras vidas estas características:

Evadimos tomar riesgos: Desde niñas, se nos ha enseñado a evitar tomar riesgos o interceder por nosotras mismas; características vitales para progresar en una carrera. Esto resulta en que muchas mujeres no persigamos posiciones de alto mando. Por eso, «cuando los trabajos son descritos como poderosos, desafiantes, y con un alto grado de responsabilidad, los hombres se sienten mucho más atraidos a ellos – más que las mujeres».

Vemos la ambición como una palabra sucia: Escuchar que una mujer es ambiciosa tiene una connotación negativa. «Las mujeres que son enérgicas y firmes violan una regla no escrita de como se deben comportar en la sociedad. Cuando una niña quiere liderar, se le dice mandona. Cuando un niño lo hace, no se dice nada, pues este rol de “jefe” no sorprende o ofende». 

Reafirmamos los estereotipos negativos que se nos dan: O en otras palabras, llegamos a creernos lo que nos dicen. Si le decimos a una niña antes de tomar un examen que “los niños son mejores que las niñas para las matemáticas”, hay una gran probabilidad que la niña saque una mala nota. Esta clase de estereotipos impacta las decisiones que tomamos en nuestras vidas– y en este caso en particular, pueder llegar a desanimar a las mujeres a perseguir carreras técnicas, como la computación. Esta idea esta basada en un fenomeno social llamado la amenaza del estereotipo del cuál puedes leer más aquí.

Nos sentimos como un fraude: Muchas mujeres (y hombres) sufrimos una versión intensa de el síndrome del impostor. Caracterizado por un sentido de constante duda sobre lo que todo lo hacemos –a pesar de que tengamos todas las capacidades– este trastorno causa que pensemos que en cualquier momento alguien se va a enterar de quien en realidad somos. Esto causa que subestimemos y juzguemos nuestro desempeño peor de lo que es y que pensemos que fallar es siempre nuestra culpa. Todo esto nos plaga de inseguridades que nos limitan en el campo profesional.

Como fomentar el liderazgo femenino

Aunque es evidente que la audiencia a la que se dirije Sandberg es en su mayoría femenina, algunas de sus sugerencias para cambiar nuestra forma de pensar sobre el liderazgo van dirigidas a toda la sociedad en general. He aquí formas diarias en las que podemos fomentar el liderazgo femenino:

  • Sentarte en la mesa no es suficiente, hay que levantar la mano y participar: Según Sandberg, muchas mujeres evitamos expresar nuestros puntos de vista en foros públicos (sea en una reunión o conferencia). Esta timidez puede estar asociada con el hecho de sentirnos como un fraude y que por ende, cualquier cosa que digamos nos hará ver mal. La clave aquí es darnos cuenta que todos somos impostores, nadie es en realidad un experto (así aparente serlo) y que nuestra partipación sí puede terminar cambiando el curso de los eventos que nos importan.
  • Dejar de asociar el éxito con la masculinidad: Estudios apuntan a que cuando un hombre es exitoso, tiende caerle bien a mujeres y hombres, pero esa simpatía no es proyectada de igual manera cuando la mujer es existosa. Cuando una mujer proyecta liderazgo y seguridad es con frecuencia tachada como “mandona”, “agresiva”, y “complicada”.
  • Ver el mundo laboral como una jungla, y no una escalera: Sandberg dice que las mujeres necesitamos dejar de «pensar que sólo con hacer nuestro trabajo bien, alguien lo notará y nos pondrá una tiara en la cabeza». (Lee: Síndrome de la tiara). La autora nos invita a explorar otras carreras y compañias si sentimos que no estamos creciendo de manera laboral. Para esto, hay que tomar riesgos y aplicar a trabajos así no cumplamos con el 100% de los requisitos (los hombres aplican cuando solo cumplen el 60%).
  • Dejar de pensar en que por ser mujer, es inevitable que algun día dejes tu profesión: «Desde niñas, se nos ha dicho que algún día tendremos que elegir entre nuestra carrera y tener una familia». Por ello, muchas mujeres evitan adquirir más responsabilidad laboral de las que tienen, y dejan pasar oportunidades.
  • Haz de tu compañero de vida, un compañero de verdad en el hogar: Para esto, las mujeres «debemos tratar al hombre como una personal igual e igualmente capaz que tú». Eso significa, permitir e incluso animar a que el hombre cumpla más funciones en el hogar. «Estudios indican que cuando las parejas son más iguales, son más felices. Cuando los esposos ayudan más en la casa, las esposas son menos deprimidas, hay menos conflictos maritales, y el nivel de satisfacción general incrementa».
  • Promover la participación de la mujer: Sandberg dice: «si queremos un mundo con mayor igualdad, necesitamos aceptar que las mujeres tienen menor probabilidad de alzar sus manos [para participar y hablar]. Necesitamos instituciones e individuos que noten y corrijan ese comportamiento, animando, promoviendo y defendiendo más mujeres. Y las mujeres deben aprender a mantener sus manos en alto, porque cuando las bajan, incluso los jefes con las mejores intenciones puede que no las noten».
  • Cambiar la forma en la calificamos a la mujer: Una mujer que expresa sus ideas con libertad no es “rebelde”, es independiente. Una mujer que te pide hacer algo no es “mandona”, sabe lo que quiere o necesita. Una mujer con éxito financiero no es “ambiciosa”, puede que sea excelente para los negocios. Utilizar estos y otros apodos o calificativos demarcan el trato diferente e injusto que damos a las mujeres.
  • Compartir las responsabilidades de crianza. Una de las mejores cosas que todos podemos hacer para fomentar el liderazgo femenino y su crecimiento profesional, es ayudarlas en las labores de crianza de los hijos. Para esto, los hombres pueden utilizar sus licencias paternales, e impulsar a que sus empleadores y gobernantes extengan estos permisos. [Recomiendo leer este estudio sobre licencias paternales en America Latina].
  • Sé un compañero de verdad: En un hogar donde ambos individuos trabajan de tiempo completo, la división de las labores del hogar continúa recayendo en los hombros de las mujeres. Estudios indican que la mujer se hace a cargo un 40% más de cuidado de los hijos, y 30% mas de las tareas del hogar. Por eso, ante la pregunta ¿qué puede hacer un hombre para apoyar el liderazgo femenino? La profesora de Harvard Business School, Rosabeth Moss Kanter, simplemente dice: «lavar la ropa».

Claves para sobrevivir en un mundo acelerado

Por: Helen Bohórquez

La era de la información y la conectividad ha magnificado una idea compartida por muchas personas: de que vivimos en un mundo acelerado

Algunos han sabido aprovechar esta velocidad para impulsar revoluciones tecnológicas, empoderar su economía, y desarrollar sociedades competitivas. Pero en realidad, la mayoría de la humanidad no ha podido montarse a ese bus (o solo tiene un pie dentro de el), y las barreras de acceso no solo son económicas, pero tienen mucho que ver con las instituciones, filosofías, creencias, comportamientos y valores que hemos creado y adoptado a través de nuestra historia.

En su libro “Gracias por llegar tarde“, el periodista y columnista Thomas L. Friedman explica y analiza las fuerzas que están causando esta aceleración (la tecnología, el mercado, y el cambio climático, lo que él llama: «la supernova»); los movimientos que quieren ponerle freno (Brexit, Trump, el nuevo nacionalismo); y los pasos que podemos tomar a nivel personal y global para que nosotros y nuestras comunidades no nos quedemos atrás.

Libro recomendado para aquellos interesados en ideas sobre el futuro del trabajo, emprendimiento, educación, filosofía, y empoderamiento social y político moderno.

Todo va rápido, y seguirá rápido.

Para entender el motor detrás esta aceleración tecnológica y de mercado hay que conocer sobre la Ley de Moore. Este concepto de la informática indica que «el poder de los microchips se duplicará cada dos años por los próximos 50 años». En términos más humanos: la tecnología que nos permite capturar, distribuir y analizar datos será más rápida, pequeña y accesible.

No hay que ser ingenieros para notar que esta ley se ha venido cumpliendo, convirtiéndose casi en una realidad universal, aceptada por todos. Mejores modelos de los productos que usamos salen al mercado; las máquinas continúan automatizando tareas que pensábamos eran solo para humanos; y mecanismos inteligentes y sensoriales están creando un nivel de predicción y prescripción jamás antes visto.

Para Friedman, tener siempre presente esta realidad tecnológica es un paso primordial para entender y adaptarse al mundo moderno.

Es aceptar la idea de que el progreso no se frena, y que para no quedarse atrás, comunidades e individuos deben aprovechar las corrientes de conectividad; evitar o prepararse ante el sobrepaso de los límites planetarios y su consecuente impacto social y económico; abrazar el aprendizaje continuo; y adaptar las instituciones políticas y privadas, revalidando sus contratos sociales con sus ciudadanos.

A mi percepción, estos dos últimos temas son las raíces primordiales del libro.

La única forma de mantener capacidad laboral de por vida, es dedicarse al aprendizaje de por vida. Thomas L. Friedman

El primer impacto

La fuerza laboral es la primera en sentir el impacto de este mundo acelerado. Muchos de los trabajos actuales ya están desapareciendo, y el concepto de lo que significa trabajar será definido por resultados mucho más mensurables.

En Estados Unidos, los trabajos que solían ser de clase media hace 50 años han pasado a no serlo, o han empezado a desaparecer. Choferes, granjeros y cajeros ya están siendo reemplazados por vehículos autónomos, sistemas automatizados de producción agrícola, y sistemas de auto-pago. Y muchos trabajos de oficina, desde la contaduría hasta la asistencia legal van por la misma ruta.

Friedman también predice un futuro en el que trabajar a «lo promedio» o «lo básico» (como no faltar al trabajo y laborar por ocho horas diarias) no será suficiente para garantizar remuneración y beneficios justos. Puede que «vivamos en un mundo de contribuciones definidas» donde el big data recolectado por tu empleador sea «capaz de medir tu contribución laboral de manera exacta». Creo que desde el modo de ver capitalista, esto se limita a una pregunta: ¿cuánto dinero le hiciste ganar o ahorrar a tu empresa?

Esta es la razón por la cual trabajadores autónomos y privados de todas las industrias deberán adoptar el aprendizaje continuo, y convertirlo en una parte indispensable de su conjunto de habilidades. 

La fábrica del futuro tendrá solo dos empleados, un hombre y un perro. El hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro estará ahí para evitar que el hombre toque el equipo.Warren Bennis, Erudito Estadounidense

¿Aprender qué?

Los resultados de un test de personalidad que tuve que completar mientras aplicaba a un trabajo. Más y más empleadores utilizarán todo tipo de información para encontrar el candidato más apto – con una preferencia por aquellos que demuestren multiples cualidades y habilidades.

Para no quedarte de manera laboral en este mundo acelerado, Friedman dice que no solo tendrás que continuar desarrollando habilidades básicas como la lectura, la escritura y la aritmética, sino que «necesitarás más de las 4 C’s: creatividad, colaboración, comunicación y coding» o programación. Pero esto no significa que solo tienes que enfocarte en una cosa. Ser versátil y refrescar nuestros conocimientos y habilidades con continuidad será importante para no quedarnos atrás.

Esta idea también es válida a la hora de emprender. Los negocios grandes y pequeños continuarán siendo moldeados por «la supernova», y todos, desde los micro-empresarios hasta los tecnólogos, deberán expandir sus 4 C’s si quieren sobrevivir.

Adaptar las instituciones

A nivel individual, la idea de abrazar el aprendizaje continuo resuena. Pero en el contexto global, algo más fuerte debe hacerse para que las sociedades actuales no queden rezagadas. Adaptarnos es la única opción:

 Las sociedades deben reimaginar y rediseñar su lugares de trabajo, su política, geopolítica, ética y comunidades–de manera en que habiliten de muchas más formas a sus ciudadanos, para que estos puedan mantener el ritmo de estas aceleraciones que están moldeando sus vidas, y generar una mayor estabilidad mientras nos movemos por estas rápidas aguas.Thomas L. Friedman

Para hacer todo esto, el autor invita a invertir en el capital humano; asegurándonos que los contratos sociales entre trabajadores y empleadores, estudiantes e instituciones educativas; y ciudadanos y gobiernos, den las herramientas suficientes para que las personas puedan darse cuenta de su potencial.

Desde el punto de vista laboral, empleadores pueden hacer su parte invirtiendo en entrenamiento especializado y movilidad interna. Como empleado, es sacar provecho de esto. Es crecer de manera profesional si se abraza la idea del aprendizaje continuo.

En cuestión educativa, las instituciones deben reforzar la educación teórica y validar mucho más la práctica, creando asociaciones inteligentes con empresas que necesiten empleados, y fomentando ideas de independencia financiera a todos sus estudiantes, sin importar de donde vengan.

De manera política, es gobernar con adaptación y aceptación. Es abrazar una sociedad diversa, y abordar la política con una mentalidad enfocada en la resolución de problemas, en el emprendimiento, y alejada del dogmatismo. Es crear herramientas y no muros, es enfocarse en los trabajadores y no en los trabajos, es hacer de los ciudadanos, vecinos.

La clave final para sobrevivir en el mundo acelerado

Todas estas ideas suenan bien, y de alguna manera, el argumento de Friedman puede que se sienta obvio. Pero en medio del mareo de la modernidad, su optimismo es reconfortante. Los actos individuales y colectivos que tomemos guiados por estos principios pueden llegar a tener un impacto inmenso en nuestra vida personal y profesional.

Es importante que nos subamos a la ola, y que no tratemos de frenarla. Es poner de nuestra parte y entender que muchas de las ideas adquiridas a través de nuestras instituciones y filosofías no son estáticas y permanentes, y que aquellas personas motivadas a adaptarse a los cambios traídos por las nuevas tecnologías, la globalización y el cambio climático, tendrán la ventaja sobre los que no; esa es la clave para sobrevivir en un mundo acelerado.